MANOS ABIERTAS HOY

20.06.2021

Hace un tiempo escuché a alguien hablar acerca de la necesidad que tenemos los creyentes de vivir con manos abiertas, especialmente en este tiempo que nos está tocando vivir, y me ayudó a entender algunas cosas importantes.

Tener las manos abiertas es vivir hoy para la causa de Cristo y tener las manos cerradas es vivir para mi propia causa. Cuando vivo con las manos cerradas, descubro en mi vida que algo no funciona correctamente; sin embargo, cuando vivo con manos abiertas hay alegría y paz auténtica.

¿Cuánto acceso tiene Dios a lo que tienes en tus manos? ¿Tienes manos abiertas para Él y su propósito o tienes manos cerradas que le impiden actuar en tu vida? Es difícil vivir con las manos abiertas, pero es miserable vivir con las manos cerradas.

No hay duda de que vivir con las manos abiertas es la mejor manera de vivir: "Hay quien es generoso y se enriquece, quien ahorra injustamente y empobrece. El hombre generoso prosperará, quien alivia la sed será saciado" (Pro 11,24-25).

Hay dos clases de personas: las que reparten con manos abiertas y las que retienen con manos cerradas. ¿Por qué debemos decidir vivir con manos abiertas? Porque así vivió Jesús y porque expande mi propia vida.

La fe cristiana no es algo que añadimos a nuestra vida, sino que se trata de una explosión que cambia todo lo que teníamos. Cuando me doy cuenta que es más importante lo que sucede a través de mí que lo que me sucede a mí, entonces soy capaz de elegir la propia melodía de mi vida y mi propio futuro.

Cuando leo el relato evangélico de las bodas de Caná (Jn 2,1-10), descubro que Dios convierte nuestro esfuerzo natural en bendición sobrenatural para otros. El agua se convierte en vino y es entonces cuando el milagro está en mis manos para el bien de los demás.

Vivir con manos abiertas es hacer lo que sí podemos para que Dios haga lo que nosotros no podemos. Para ello, se requiere una necesidad (se acabó el vino) que se convierte en una oportunidad (el agua se convierte en vino). Necesitamos una compasión como la de María que mueva nuestro corazón en favor de la necesidad del otro (no tienen vino). Y finalmente, es imprescindible una obediencia que impulse nuestro sacrificio personal (haced lo que Él os diga).

Cuando decido vivir con manos abiertas, descubro que el auténtico milagro está en mis manos. Ya no quiero esperar que los milagros vengan a mí, quiero hacer lo que está en mis manos para ser instrumento de milagros para la vida de los demás.

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